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Archive for 12/08/14

 

gicem-2014 solMARÍA, LA MUJER PLENA.

María, desde su infancia, por haber estado preservada, con su mirada limpia, con su ser inocente, de niña que nunca mancilló, llegó a ser la MUJER PLENA.  Como Pilatos dijo de Jesús cuando está totalmente entregado en la Voluntad Divina, en las Manos amorosas del Padre: HE AQUÍ AL HOMBRE, Jesús pudo decirlo de su Madre al verla junto a la Cruz: HE AQUÍ LA MUJER, la mujer plena, acabada, íntegra en tu total evolución y madurez.virgen.leche.oseira

Como el Papa Pío XII en 1950, creo recordar, el 1 de Noviembre, en su Constitución Apostólica Munificentisssimus Deus, admitió que libre de pecado no tuvo que pasar por la corrupción del sepulcro, sino que fue trasladada, ASSUMPTA, en cuerpo y alma al Cielo donde su Hijo la precedió

Esta vida con tal desenlace final, no fue distinta de la nuestra. Ella conoció lo que era el dolor – que no el sufrimiento, el sacrificio -, tuvo su infancia de oscuridad porque en medio de su limpidez, en medio de la Noche tan llena de Luz, no podía comprender como los seres humanos se apartaban de Dios. Era para Ella inconcebible, pero lo “guardaba todo en corazón contemplándolo”, y estaba muy cerca del que caía, del que tiraba la toalla, del que se desesperaba, del enfermo, de todos aquellos a los que su Hijo venía a Salvar abriéndoles de par en par la puertas del Reino.

Ella, como nadie tuvo que vivir con íntimo dolor, aquella escena de los Evangelios, especialmente Lucas, donde nos cuenta que llegado Jesús a su pueblo de Nazaret fue a la Sinagoga y tomando el rollo de pergamino que le alargaron, abrió por dónde Isaías cuenta su llamada a  anunciar la Buena Nueva a los pobres, a evangelizar a los que están en sombra de muerte, a abrir las prisiones injustas, a evangelizar una año de gracia del Señor sobre su pueblo. María vio que los que estaban en la Sinagoga, poco a poco iban irritándose y vio cómo se llevaban a Jesús para despeñarlo. Lo vio y presintió el final…”Él iba por su camino”, no pudieron, ante su majestad, su señorío, su serena humildad ponerle la mano encima. Pero ella lo vivió así, como presagio de lo que le esperaba, con dolor íntimo pero con total entrega en las Manos del Padre.asuncion (1)

Sus pequeños actos de niña, de adolescente, de joven Madre, tan lleno de amor, de luz íntima, de oscuridad en aquello que no podía entender pero aceptando en todo momento el Querer del Padre, la fueron preparando en aquella vida escondida, a decir siempre SÍ a Dios, entregándose como su Hijo.

Hoy la vemos resplandecer con la Luz de Dios en Ella. Su vida, tejida de pequeñas cosas diarias pero siempre fiel al Designio de Dios, la fue preparando para los duros trances que iba a vivir con la Pasión y Muerte de Hijo. Ella participó de su cruz, de su ignominia como nadie y como nadie tuvo que participar de la Luz de su Hijo Resucitado. Ella es nuestra Madre, no podemos vivir sin su Luz, a toda Madre le gusta dejar a sus hijos lo que más ama y compartirlo con ellos. ¿Podría dejarnos a nosotros sin su Luz?

María Victoria Gómez Morales

Diplomada en Sagrada Escritura.

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